sábado, 2 de diciembre de 2017

UN MUNDO AZUL

UN MUNDO AZUL

Imagina por un momento que un tiempo después de nacer, cuando tenías unos 3 años, te compraron unas gafas con cristales de color azul y te las colocaron. Tú no lo recuerdas porque hace muchos años de eso, pero siempre las has llevado puestas.

Ahora mismo, eres un adulto y lo ves todo de color azul: te ves de color azul, ves a los demás de color azul y ves el mundo de color azul. Estás completamente convencido de que todo es azul y nadie te puede decir ni convencer de lo contrario, porque ¿Cómo podría ser de otro color? No es posible! Así que, a la mínima que alguien empieza a poner en duda el color del que ves el mundo y te ves a ti mismo, te enredas en discusiones acaloradas para defender tu postura: el mundo es azul y siempre lo ha sido!-dices.

Tienes amigos que ven el mundo de otros colores, de color rosa, de color verde, de color negro… y no puedes entenderlo. Pero, por suerte, también tienes amigos que lo ven de colores similares al tuyo (azul claro, azul oscuro, azul turquesa) y, la verdad, te sientes más próximo y más cómodo con ellos que con otras personas. “Menos mal que ellos lo ven como yo”, piensas.

De repente, un día, mientras vuelves del trabajo en bicicleta, sufres una caída fuerte al chocar con un auto que se ha saltado un semáforo en rojo. Sales volando por los aires. Y tus gafas azules también.

No sabes cómo has llegado hasta allí pero te encuentras en una habitación de hospital. No sabes que has estado unos cuantos días inconsciente después del tremendo golpe que te diste en la cabeza. Por suerte, estás vivo, estás bien, y en unos días volverás a casa.

Has vuelto a casa, has vuelto a tu vida normal, a quedar con tus amigos, al trabajo. Sin embargo, sientes que el mundo es diferente, las personas con las que te relacionas son las mismas, sin embargo, son diferentes. Tú tampoco eres el mismo. ¿Por qué será? - te preguntas.

Un día, te sientas en un banco a la salida del trabajo. Te sientas a observar, simplemente a observar, y te das cuenta de que el mundo ya no es azul. Te miras las manos, las piernas, los pies. Ya no son azules. Miras la gente que pasa ante ti. Tampoco son de color azul. Ves infinitos colores a tu alrededor y mueres de ganas por explorar este mundo nuevo que se abre ante tus ojos.

Empiezas a echar la vista atrás y te viene a la mente tu accidente de bici. “Algo debió pasar allí que no recuerdo y por eso el mundo ya no es azul”.

Esto te tiene un poco preocupado, no puedes entenderlo, y comienzas a indagar, a leer, a buscar respuestas por todas partes. Lanzas preguntas al aire y las respuestas vienen solas, como por arte de magia, a través de libros, películas, carteles en la calle, personas que no conocías…

Una noche te despiertas, te levantas de la cama acalorado. Has tenido un sueño muy extraño. Te han mostrado gafas de muchos colores, entre ellas, unas gafas de color azul, como las tuyas. Todo el mundo las lleva puestas. Y comienzas a recordar. Parece que las piezas del puzle están encajando.

Parece ser que habías estado viviendo en un sueño y te das cuenta de que, en realidad, no sabías nada, ni sobre ti, ni sobre el mundo.


Te dispones a vivir AHORA. Pero, esta vez, DESPIERTO.


viernes, 1 de diciembre de 2017

OTROS MUNDOS

OTROS MUNDOS

Nada parecía presagiar
Algo diferente, aquella noche
Me acosté en la cama,
Como tantas veces antes.
Mi cuerpo estaba relajado
Tanto que ya, no lo sentía mío
Y mi mente, de repente,
Entró en un túnel oscuro.
De pronto supe que
Se habían abierto ya las puertas
Hacia otros mundos.
Podía sentir el miedo
En mi mente, en mi cuerpo
Pero, al mismo tiempo
Sentía la llamada,
Mucha atracción, y cierta calma.
Una descarga de información
Sin imágenes, sin palabras.
Una poderosa energía
Que me atravesaba.
Sentí mi cuerpo vibrar,
Hasta la cama se balanceaba.
Extrañas voces
De frecuencias desconocidas
Me hablaban.
Y, de pronto, lo entendí todo,

Aunque no entendiese nada.



lunes, 6 de noviembre de 2017

Reflexión del día (06/11/2017)

Cuando tenemos algún conflicto en nuestra vida, con alguna persona cercana, normalmente nos quedamos en su manifestación externa (el tema concreto de discusión, las formas que ha tomado dicho conflicto o discusión, si tengo razón o la tiene el otro, etc).
Si nos acostumbramos a mirar hacia dentro cada vez que tenemos algún conflicto: observar cómo nos sentimos, en qué partes de nuestro cuerpo lo sentimos más (corazón, estómago, tensión en cuello, dolor en la espalda, etc), emociones que nos crea, nuestro estado después del conflicto, y intentamos ver más allá de ese conflicto en sí, veremos que lo que hay siempre es dos personas que se sienten heridas.

Estas heridas, no son recientes, no están provocadas por este conflicto en concreto, sino que tienen una raíz mucho más profunda y lejana. Lo que ocurre es que se manifiestan en el ahora, a través de una situación concreta, para que podamos verlas y abrazarlas.
En realidad, todo conflicto es un reflejo de una herida profunda grabada en nuestro inconsciente que todavía no se ha querido o podido ver para ser sanada. Y toda herida es el resultado de una falta de amor.

Sin embargo, ese amor que sentimos que nos falta, solo nos lo podemos dar nosotros a nosotros mismos. El otro es solo un instrumento que nos refleja esa falta de amor y esa herida no sanada para que la hagamos consciente y la abracemos.

Cuando comenzamos a querer ver, aceptar y amar nuestras propias heridas surge desde lo más profundo del corazón la auto-compasión, y por ende, la compasión hacia los demás.


El respeto profundo por uno mismo y por el resto de personas solo es posible cuando abrazamos nuestra propia imperfección.


jueves, 2 de noviembre de 2017

MUNDOS INTERIORES

¿Y si llega un dia
En que tú,
Y yo,
Nosotros,
Ellos,
Nos miramos, y de pronto,
Nos conseguimos ver?
¿Y si llega el día
En que fluyen de dentro
Las llamas que reflejan una verdad
Que nos cuesta creer?
Puede que no sea
Fácil el sendero
Que hayamos de recorrer
Puede ser, estaremos
Solos y acompañados,
Ciegos e iluminados
Llenos de paz y angustia
De certezas y de dudas
Seremos remolinos en un mar en calma
Seremos la puerta entreabierta
hacia al laberinto del SER.


TU MIRADA

TU MIRADA

Me miras, tú
Y mi mundo se detiene
Tus ojos vierten
Sobre los míos
Cantidades imposibles
De calma y paz.
No hay tiempo,
No hay espacio,
Es nada,
todo lo demás.
Me miras, tú
Y te sumerges, en mí.
Navegas mi alma,
Y acaricias mis pensamientos.
Navegas mis pensamientos,
Y acaricias mi alma.
Sin invasiones, con ternura
Sin soluciones adheridas
ni parches mal pegados.
No hay juicios, solo ver
Llenar de amor, y abrazar

Inundar de amor, y caminar.


martes, 31 de octubre de 2017

¿QUÉ ES LA TERAPIA TRANSPERSONAL?

¿Qué es la terapia transpersonal?

La terapia transpersonal es un proceso de auto-conocimiento que, como su propio nombre indica, traspasa o supera la propia personalidad (o ego). El término “transpersonal” significa literalmente “más allá de la persona” o “más allá de la personalidad” y hace referencia a algo superior a nosotros que se manifiesta a través de nosotros y a través de todo cuanto nos rodea.

Desde la perspectiva de la psicología transpersonal, la persona consta de cuatro dimensiones: corporal, mental, emocional y espiritual. Esto, en culturas orientales hace siglos que lo tienen claro, sin embargo, en occidente no hemos prestado atención alguna a la dimensión espiritual del ser humano. De hecho, durante algunos siglos, no contemplamos siquiera su existencia.

La terapia transpersonal se centra en ayudar a la persona a trascenderse a sí misma, a tomar conciencia de los patrones condicionados de comportamiento y pensamiento que conforman su personalidad, a observarlos y darse cuenta de que no solo es “eso”. En este sentido, el aumento de conciencia es uno de los objetivos de este tipo de terapia, pues no se puede cambiar nada de lo que uno no es consciente. Otro de los objetivos, relacionado con el anterior y principal, es el de poner en contacto a la persona con la conciencia superior a partir del desarrollo de su “conciencia testigo” (o el SER), es decir: aprender a ponerse en el lugar del observador de su propia historia mental, emocional y experiencial para poder relativizar y comprender desde otro nivel de conciencia.



Pongo muchas veces este ejemplo, pero es que es muy visual y clarificador. Imagina por un momento que te encuentras perdido en un bosque y no sabes hacia dónde dirigirte para poder salir de él. Seguramente, si buscas una montaña o algún lugar un poco más alto que el lugar donde te encuentras ahora podrás divisar mejor todo el paisaje, tomar perspectiva, lo cuál te ayudará a encontrar el camino de salida.

Las herramientas de las que se vale la terapia transpersonal son técnicas que van más allá de la palabra hablada, como la meditación, la visualización creativa, técnicas energéticas o  terapias regresivas. Sin embargo, dado que la psicología transpersonal acepta la validez de todas las escuelas psicológicas anteriores puede valerse también de prácticas y técnicas pertenecientes a estas corrientes siempre que le ayuden a su cliente a avanzar en el camino hacia la conexión con su ser y su desarrollo consciencial.

Desde este punto de vista, el terapeuta transpersonal es solo un acompañante para la persona en su viaje hacia el centro de sí mismo para conectarse con su ser y acceder a la sabiduría interior que todos llevamos dentro.

El efecto de la terapia transpersonal en la persona se manifiesta, sobre todo, como una expansión de su consciencia, que la lleva a saberse como un ser espiritual, y no solo como un ser mental, emocional y físico. Esto le permite contemplar todas sus vivencias desde una perspectiva más elevada del nivel en el que se manifiestan y, con ello, trascenderlas, no quedarse atrapado en el dolor que pueda sentir en ellas, y ver más allá, vivirlas como manifestaciones de un aprendizaje continuo hacia un propósito más profundo y elevado: la evolución de su ser.

Cuando comprendemos desde un nivel profundo que todo lo que vivimos, aunque sea calificado como “negativo” por nuestra personalidad, tiene un regalo intrínseco para nosotros y un aprendizaje, ya nunca volvemos a vivir las dificultades del mismo modo:


“Todo lo que nos sucede en la vida tiene un significado profundo, un por qué y un para qué. Podemos abrir los ojos y ver, o seguir dormidos eternamente”.


lunes, 30 de octubre de 2017

PARA ELISA

PARA ELISA

La gente te mira
y piensa: locura.
Yo te veo
y pienso: un mundo.
Desde la apacible terraza
te observo cada día,
escucho tus bellas pinturas,
leo la música en tu reproductor,
recortes de periódicos,
historias reales e inventadas,
pensamientos libres
adornados con flores,
que llenan tu alma,
quizás, otras almas.
Sin tu saberlo,
perdida en tu mundo,
tan bello, tan profundo,
juzgado, a veces,
por ojos que no saben ver
intuido, otras,
por lugares recónditos, perdidos,
de otro ser.

BÚSQUEDA

BÚSQUEDA
Te busco desesperadamente,
 incansable,
entre este mar de pensamientos,
 sensaciones nunca antes
experimentadas,
 insoñables, existentes,
miradas que transmiten mundos
 lejanos y,
a la vez, internos.
Caricias
 que desmontan creencias,
 que derriban muros centenarios
 instalados en mentiras
 existenciales, que encierran
cielos esperando
 tormentas implacables.
Besos que sentencian
muertes dulces,
 despertares hacia vuelos
incesantes,
aclamando cielos
 desconocidos,
atrayendo deseos
insospechados,
desterrando miedos
 tan antiguos,
tan arraigados.

TU ESENCIA ES LO QUE ERAS ANTES DE QUE TE DIJERAN QUIEN DEBÍAS SER

Tu esencia es lo que eras antes de que te dijeran quien debías ser.

Nacemos como una luz cegadora, con un mil por cien de potencialidades y posibilidades, de caminos desplegándose ante nosotros, con una curiosidad innata e infinita, con ganas de observarlo todo, de probarlo todo, de experimentarlo todo.

Sin embargo, al nacer, nos adentramos en un lugar concreto, en una familia concreta, en una sociedad concreta, en un entorno concreto, que determinarán en gran medida en qué nos convertiremos.

Nuestros padres, profesores del colegio, nuestro grupo de iguales, y la sociedad en general, parecen saber mejor que nosotros mismos lo que nos conviene, así que, poco a poco, nos vamos encorsetando, adaptando, configurando, para poder encajar en un determinado tipo de sociedad con una serie de “normas”, algunas explícitas y otras no tanto.

Todos nacemos con unos dones y talentos innatos, que con un poco de suerte se van desplegando para sorpresa de nuestro entorno, que se preguntan ¿y de donde habrá sacado este niño este talento para pintar? ¿o para montar y desmontar cosas? ¿de dónde habrá sacado este interés por la historia, con lo jovencito que es?

Pero resulta que, a veces, para aquellos que nos rodean (padres, madres, maestros del colegio) estos dones no son muy útiles en la sociedad en la cual vamos a tener que desarrollarnos y deciden que es mejor que estudiemos matemáticas o lenguas (pero no cualquier lengua vale, si es inglés, mejor que mejor), que nos dediquemos a “sacar una carrera de provecho” o “con salida profesional” y, poco a poco, nos vamos desconectando de nuestra esencia y nuestro  verdadero propósito.

Pero no solo eso. También nos indican a qué edad, más o menos, estaría bien que nos independizáramos, encontráramos un empleo estable, una pareja estable (si son para toda la vida mejor), cuándo deberíamos comenzar a tener algo de nuestra propiedad o a qué edad deberíamos comenzar a formar una familia, como debemos ser y qué “cosas” deberíamos poseer para tener “éxito” en la vida, etc…

Evidentemente, esto no es tan explícito como parece por la forma en que lo expreso pero estar, está ahí. Es como una “presión subyacente” que nos va empujando a vivir una cosa detrás de otra, sin que nosotros nos lleguemos a plantear si realmente estamos viviendo la vida que queremos o la vida que han diseñado para nosotros.

Estamos viviendo en piloto automático, dormidos, producto de vivir en una sociedad que está dormida también, a la cual hemos tenido que adaptarnos.

Y llega un punto en nuestras vidas en que, aparentemente, todo sigue igual, todo está bien, todo está en orden, sin embargo, sentimos un vacío interior que no queremos ver, que vamos tapando, intentando seguir hacia delante, y nos refugiamos en la comida, en el consumo exacerbado de bienes materiales, de relaciones, de televisión, etc. Y echamos la culpa de todos nuestros males a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestro jefe, al gobierno o a quien sea que se ponga por delante.

O puede también, que llegue un punto en nuestra vida en que suframos un crisis vital tan grande que destruya el castillo de naipes que habíamos construido y nos haga despertar de un porrazo.

La cuestión es que esto que os cuento no es un cuento, aunque pueda parecerlo. Es una situación en la que nos encontramos un 95% de las personas, fruto de la sociedad en la que vivimos y el sistema educativo que nos ha tocado “sufrir”.

Y digo “sufrir” porque nuestro sistema educativo funciona de fuera hacia dentro, inyectándonos contenidos externos a nosotros como si fuésemos un recipiente vacío que hay que llenar. Sin embargo, nuestros dones y talentos innatos funcionan de dentro hacia afuera. Ya los traemos de serie y venimos aquí a desarrollarlos y darlos al mundo. El sistema educativo enferma nuestra creatividad y nos desconecta de lo que verdaderamente hemos venido a entregar a este mundo.

Evidentemente, nuestros padres, profesores, etc lo han hecho lo mejor que han podido y sabido dentro de su propio nivel de conciencia. No es mi intención buscar culpables, por supuesto que no. Como he dicho en otros artículos del blog: cada cuál actúa lo mejor que sabe y puede, con los recursos de los que dispone en cada momento y según el nivel de conciencia en el que se encuentra.

Es un hecho que cada vez más gente está despertando, cuestionándose todas las creencias que les han inyectado en vena casi desde el nacimiento, preguntándose quienes son realmente, indagando en su interior para re-conocer sus propios dones y talentos y entregarlos al mundo. En definitiva, desaprendiendo para volver a aprender. Pero esta vez, la búsqueda es hacia dentro. Porque es solo desde dentro que podemos re-conocernos.




Cuando tomamos consciencia de que hemos venido a este mundo y estamos aquí y ahora para aprender a amar desde el corazón y descubrimos los dones y talentos innatos que el Universo nos ha dado para hacerlo, nuestra vida toma un sentido mucho más profundo de lo que podamos imaginar y surge la fuerza desde el interior para cumplir nuestro propósito con amor. 

viernes, 27 de octubre de 2017

¿CAPTAS LAS SEÑALES QUE TE ENVÍA EL UNIVERSO?

¿CAPTAS LAS SEÑALES QUE TE ENVÍA EL UNIVERSO?

El universo te está hablando continuamente. Tan solo hace falta abrir bien los ojos y querer ver. Estar conectados con el fluir natural de las cosas. Estar presentes, aquí y ahora.

Cuando vaciamos nuestra mente de conceptos, ideas, opiniones, creencias y nos entregamos al “no-saber”, es entonces cuando damos cabida a un saber mucho más profundo, superior a nosotros mismos y al personaje que nos ha tocado desempeñar en esta vida, y que se manifiesta y actúa a través de nosotros.

En palabras de Stanislav Grof: “Cuando nos identificamos con la conciencia cósmica sentimos que somos capaces de albergar en nuestro interior la totalidad de la existencia y comprender la realidad que subyace a todas las realidades particulares”

Cuando vivimos dormidos, en piloto automático (que suele ser la mayor parte del tiempo) estamos totalmente desconectados: nos levantamos ya con prisas, nos vamos a trabajar, intentamos solventarlo todo por nosotros mismos, nos sobre esforzarnos, juzgamos lo que nos pasa, responsabilizamos a otros. Nos obsesionamos con controlarlo todo, con la convicción de que somos nosotros quienes tenemos que solucionar todas las cosas que nos ocurren. Estamos tan sobrecargados que no dejamos espacio para nada que no sean “nuestras propias neuras mentales”. Esta lucha interna bloquea la energía e impide el fluir natural que caracteriza el universo del que formamos parte.

Intentamos racionalizarlo todo y nos cerramos a realidades que van más allá de nuestra razón. Nos hacemos preguntas y no esperamos a que las respuestas lleguen, intentamos encontrarlas por nosotros mismos, porque nos creemos importantes, creemos que todo depende de nosotros y nos cerramos a la magia de la vida, cerrando los ojos a las señales que esta no envía.

Parafraseando a Einstein “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado el regalo”.

Creemos que podemos aprehender la realidad con nuestra mente racional, y la mente racional tendrá muchas utilidades, pero para este fin no nos sirve.

Si logramos vaciarnos, dejarnos fluir, con conciencia y atención al momento presente, simplemente experimentando y viviendo cada momento con intensidad podemos descubrir otro mundo en este mismo mundo, más real incluso que este.

·         ¿No te ha ocurrido nunca estar pensando en alguien y, en ese momento, o unos días después, esa persona te llama, te envía un mensaje o te la encuentras por la calle?
·         ¿Has tenido alguna vez un sueño que posteriormente se ha cumplido?
·         ¿Te has hecho alguna vez una pregunta y luego has encontrado la respuesta en un libro, un cartel, un artículo que aparece como por arte de magia ante ti?
·         ¿Has tenido algún presentimiento que con el tiempo se ha confirmado?
·         ¿Te ha venido alguna vez a la mente, sin saber por qué, una canción cuya letra te daba respuestas a situaciones que estabas atravesando en ese momento?

Este tipo de situaciones descritas más arriba se incluirían dentro de lo que C. G. Jung acuñó con el término “sincronicidad”.

Todos hemos experimentado en alguna ocasión coincidencias o casualidades que parecían casi mágicas. Pero la realidad es que no existen las coincidencias o las casualidades. Existe la sincronía como manifestación de la profunda conexión que hay entre todas las partes que conformamos el universo y los hilos invisibles que lo van moviendo y que tan sólo podemos vislumbrar en determinados momentos.

En palabras de Friedrich Schiller: “No existe la casualidad. Lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”.

Yosano Zin (maestra Zen) lo explica de esta manera tan bonita: “Si en lugar de estar en el suelo de la isla a la que pertenecemos pudiéramos elevarnos en el aire, veríamos que, en realidad, hay dos islas y un océano entre ellas. Pero tomar perspectiva, no está al alcance de todo el mundo, ya sea por miedo, por dudas, por falta de capacidad o de conciencia. Y aun así, tomando perspectiva, lo único que logramos saber es que existe la otra isla, pero ello no implica que podamos ver la totalidad de lo que hay y acontece en ella, tan solo, podemos acceder a pequeños detalles”.



¡Y es totalmente cierto! De todos modos, aunque no podamos ver y saber todo cuanto acontece en la otra isla, vislumbrar su existencia nos cambia totalmente la visión de la vida y nuestra forma de vivirla porque comenzamos a vivir con los ojos abiertos y a confiar, sabiendo que nada ocurre por casualidad, que todo tiene un porqué y un para qué, aunque nuestra mente racional no sepa, aunque no entienda, aunque no logre ver todo el mapa. Este es un acto de humildad enorme, pues hemos creído durante mucho tiempo que mediante la razón podemos aprehenderlo todo y que todo depende de nosotros.

Cuando estás completamente conectado puedes ver y sentir que estas señales cada vez se dan más a menudo y con mayor intensidad, sabes (y no desde la razón) cuando estás en tu camino y cuando no. Y también sabes que no estás solo, que nunca has estado solo, y que el universo te guía y te protege.

En posts posteriores compartiré algunas de las sincronías que he vivido en los últimos tiempos, pues tengo un pequeño “diario de señales” que comencé cuando vi que cada vez se estaban dando con más asiduidad y quería asegurarme de no olvidarlas.

Por todo esto que os he compartido hoy, y muchas otras cosas más que me he dejado en el tintero, hace ya tiempo que pienso que la vida es magia si sabes cómo vivirla.

O en palabras de Einstein “Puedes vivir como si nada fuera un milagro o como si todo fuera un milagro”.


UN MUNDO AZUL

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